Mi vecina mexicana, una verdadera zorra caliente, no pudo resistir más y vino a ofrecerme una cogida brutal. Me montó como animal, gritando como puta enloquecida mientras le daba duro hasta dejarla temblando y llena de leche. Un día entero de follar sin parar, con esa guarra insaciable que no se cansaba de pedir más verga.