Una calurosa tarde de verano, esta zorra estaba tan caliente que no le bastó con un sólo polvo. Después de que el primero le reventara el coño a vergazos, ya estaba pidiendo a gritos más.
El segundo tipo llegó listo para darle hasta por debajo de las uñas. La muy puta se lo montó con una energía salvaje, queriendo que la llenaran de leche por todos sus agujeros. Gemía como una loca, pidiendo que le dieran más duro, hasta que acabaron reventándole el culito.
Terminó la tarde con las piernas temblorosas y el chocho goteando semen, completamente satisfecha después de semejante festín de vergas.