Esta zorra caliente no podía esperar a que terminaran las clases. Me la llevé al salón vacío en el turno de la tarde y le di duro contra la pizarra. La muy puta gemía como una perra en celo, pidiendo más verga mientras le llenaba ese culito apretado de leche. Un polvo salvaje que terminó con los pupitres manchados de sus jugos.